El perdón que renueva el matrimonio

Todo matrimonio tiene heridas. Lo que salva el amor no es no equivocarse nunca, sino aprender a pedir perdón y a perdonar.
San Pablo da a los esposos un consejo que vale oro: “que no se ponga el sol sobre vuestro enojo” (Ef 4, 26). Y añade: perdonaos mutuamente, como Dios os perdonó en Cristo (Ef 4, 32).
El papa Francisco, en la exhortación Amoris laetitia (n. 133), recuerda tres palabras que mantienen en pie un hogar: permiso, gracias y perdón. Parecen pequeñas, pero llevan consigo humildad, gratitud y reconciliación.
Perdonar no es fingir que nada pasó, ni aceptar la falta de respeto. Es decidir no convertir el error del otro en un arma para siempre. A veces el perdón llega rápido; a veces es un camino que se pide a Dios cada día.
Una práctica para los esposos: antes de dormir, cada uno dice una cosa por la que agradece al otro y, si hace falta, pide perdón por algo del día. Después, rezan juntos un Padre Nuestro, despacio, prestando atención al “perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos”.
Para rezar en pareja
Señor, tú que nos uniste, sana lo que el orgullo y el cansancio han herido entre nosotros. Danos humildad para pedir perdón y generosidad para perdonar. Que nuestro amor vuelva a empezar siempre en ti. Amén.




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