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Por sus llagas hemos sido curados

hace 7 horas
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La sanación que Jesús ofrece comienza en el corazón y nos llega, sobre todo, por los sacramentos de la Iglesia.


El profeta Isaías anunció al Siervo sufriente: “por sus llagas hemos sido curados” (Is 53, 5). San Pedro repite esas palabras mirando la cruz de Cristo (1 Pe 2, 24). El rostro herido que contemplamos en la Santa Faz es el rostro de quien tomó sobre sí nuestros dolores.


Jesús sigue sanando hoy, y lo hace principalmente por los sacramentos. En la Confesión, sana las heridas del pecado. En la Eucaristía, se da él mismo como remedio. En la Unción de los Enfermos, la Iglesia ora sobre el enfermo, como pide Santiago (Sant 5, 14-15).


La Biblia también manda honrar al médico, porque el Señor lo ha creado (Eclo 38, 1). Dios actúa por la oración y actúa también por la medicina. Rezar y cuidarse van juntos.


Si estás enfermo del cuerpo o del alma, no lo cargues solo: busca a tu párroco, acércate a los sacramentos y deja que la comunidad rece por ti.


Para rezar


Señor Jesús, por tus santas llagas, toca mis heridas. Sana mi cuerpo, si es tu voluntad, y sana sobre todo mi corazón. Santa Faz de Jesús, mírame con misericordia. Amén.


Importante: todo en este ministerio se realiza en comunión con el obispo diocesano y con el párroco de cada comunidad. La oración no sustituye el tratamiento médico o psicológico, y el exorcismo propiamente dicho está reservado al sacerdote autorizado por el obispo (Catecismo, n. 1673).

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