La oración en familia comienza en la mesa

La mesa de casa puede ser el primer altar de la familia. Un minuto de oración antes de las comidas cambia el ambiente del hogar.
La Iglesia llama a la familia Iglesia doméstica: es en casa donde aprendemos a rezar, a perdonar y a compartir. Y pocos lugares reúnen a la familia como la mesa.
Los discípulos de Emaús reconocieron a Jesús al partir el pan (Lc 24, 30-31). Los primeros cristianos partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón (Hch 2, 46). Su fe no se quedaba solo en el templo: entraba en la cocina, en la conversación, en el plato servido.
Rezar antes de comer es recordar, cada día, que el pan viene de las manos de Dios y del trabajo de alguien a quien amamos. Es también el momento de poner ante el Señor a quien está enfermo, a quien está lejos y a quien está pasando por dificultades.
Empieza sencillo: una oración corta, siempre la misma, rezada por todos. Después, cada uno dice una intención. Los niños aprenden rezando juntos, no escuchando sermones. Cuando alguien falte, reza por él en la mesa. Jesús prometió que donde dos o tres están reunidos en su nombre, él está en medio de ellos (Mt 18, 20).
Para rezar en familia
Bendice, Señor, esta mesa, a quien preparó este alimento y a todos los que estamos aquí. Da pan a quien tiene hambre y hambre de ti a quien tiene pan. Santa Faz de Jesús, mira por esta familia. Amén.




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