Padres que rezan por sus hijos

Ninguna oración se pierde. La Iglesia tiene santos que nacieron de las lágrimas de padres que no se rindieron.
En el libro de Job vemos a un padre que se levantaba temprano para ofrecer sacrificios por cada uno de sus hijos (Job 1, 5). No controlaba su vida, pero no dejaba de presentarlos a Dios.
Santa Mónica rezó durante años por la conversión de su hijo Agustín, que llegó a ser santo, obispo y Doctor de la Iglesia. Cuando aprieta el dolor de ver a un hijo lejos de Dios, acuérdate de ella: la oración de un padre y de una madre tiene un peso que solo conoceremos en el cielo.
Rezar por los hijos no sustituye conversar, corregir y acompañar, pero lo sostiene todo. Algunas prácticas sencillas:
Bendecir a los hijos con la señal de la cruz en la frente, antes de dormir o al salir de casa.
Rezar por cada hijo por su nombre, todos los días, incluso por los ya adultos.
Entregar cada hijo a la Virgen, que conoce la angustia de buscar a un hijo perdido (Lc 2, 48).
Y cuando falten las palabras, basta mirar la Santa Faz y decir: “Señor, son más tuyos que míos”.
Para rezar en familia
Señor Jesús, te entrego a mis hijos. Guárdalos donde yo no puedo estar, habla a su corazón cuando yo no sepa qué decir, y trae de vuelta a los que se han alejado. Nuestra Señora del Carmen, cúbrelos con tu manto. Amén.




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